Lunes, 23 de octubre de 2006

Paco Larrañaga salió por fin del corredor de la muerte a

Terra / EFE

Francisco Larrañaga, el joven hispano-filipino condenado a la pena capital hasta su abolición en Filipinas el pasado junio, ha salido por fin del corredor de la muerte, más de cuatro meses después de que se eliminara ese castigo.

En entrevista con Efe, la primera que concede tras serle conmutada la sentencia, Larrañaga afirmó sentirse más tranquilo e ilusionado desde que ingresó hace una semana en un módulo general de presos de alta seguridad en la misma prisión de New Bilibid, al sur de Manila .

"Cuando supe que se había abolido la pena de muerte me sentí muy feliz, pero han tenido que pasar más de cuatro meses para poder salir", señala.

En su nueva celda, el hijo del ex pelotari vasco Manuel Larrañaga y de la filipina Margot González tiene mejores condiciones que las vividas en el corredor de la muerte.  

"Puedo salir más al sol, andar, jugar al baloncesto, mientras que antes todas estas salidas estaban muy restringidas", afirma.

El joven, de 28 años, cree que ser español -tiene las dos nacionalidades- le ha ayudado a salir antes del corredor de la muerte, donde todavía quedan cientos de presos a pesar de la abolición- y lo agradece especialmente "al empeño del cónsul español, Ignacio Martínez".

Paco, que lleva 9 años encarcelado, casi tres de ellos en el corredor de la muerte por un crimen que niega haber cometido, tiene ahora puestas sus esperanzas en la continuación del trabajo de sus abogados así como en las gestiones que desde hace años desarrollan numerosos o rganismos e instituciones que consideran que no tuvo un juicio justo.

"Lo que quiero es un juicio justo, no me importaría estar aquí un año más si supiera que me iban a juzgar de nuevo. Así saldría la verdad a la luz", subraya.

Pero es consciente de que "en Filipinas eso ya no es posible, se han agotado todos los recursos".

Parte de sus esperanzas se basan en la resolución del Comité de Derechos Humanos de la ONU, que el pasado julio decretó que Larrañaga "sufrió una grave violación de sus derechos fundamentales y no tuvo un juicio justo".

El Comité instó a Filipinas a dar al afectado "un remedio efectivo"  y  "una  pronta  consideración

de libertad bajo fianza", pero a punto de cumplirse los 90 días de plazo dado por el organismo, "el Gobierno filipino aún no ha contestado", señala el joven. 

Clemencia de la presidenta
La solución a su caso, ante la dificultad de lograrse una repetición del juicio al haberse agotado todos los recursos, pasaría por la clemencia ejecutiva de la presidenta filipina, Gloria Macapagal.

"Me cuesta mucho pedir que me den el perdón porque soy inocente, y la clemencia supondría declararme culpable", afirma Francisco.

La otra dirección apuntaría hacia la posibilidad de cumplir su pena en España, tras el acuerdo firmado entre ambos países sobre cumplimiento de condenas durante la visita a Madrid de la presidenta Macapagal el pasado junio.

"Pero es que ahora estoy condenado a cadena perpetua, que son 30 años, y yo soy inocente", insiste Paco, aunque reconoce que es otra salida.

Larrañaga fue condenado a muerte por el conocido en Filipinas como el "caso Chiong", el secuestro, violación y asesinato de dos hermanas ocurrido en la ciudad de Cebú (centro del archipiélago) en 1997.

En su nuevo módulo, Paco Larrañaga intenta vivir el día a día de la cárcel, aunque con algo más de libertad de movimientos que en el corredor de la muerte.

"Aquí vuelvo a tener a muchos de mis compañeros que ya estaban cuando fui trasladado al corredor de la muerte. Son también de Cebú y podemos compartir cosas y hablar en cebuano (su dialecto local)", cuenta.

"Podemos ver la televisión, aunque sólo los canales locales y por la noche, pues de día no nos dan electricidad para ahorrar", dice Larrañaga, quien pasa también su tiempo practicando su gran pasión, que es la cocina.

Esta semana ha recibido cada día la visita de sus padres, que se trasladaron desde Cebú, donde viven, y de su hermana, llegada desde San Francisco (EEUU).

No cesa de agradecer todas las gestiones de las autoridades y de organizaciones españolas, que han presionado para denunciar las presuntas irregularidades que se cometieron en su juicio.

"Lo primero que haría si me liberasen es ir a España y dar las gracias a todo el mundo, al Rey, a los políticos, a todos los que se han interesado por mi caso. La gente de España me está ayudando mucho", afirma.

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